Los lances-no lances (Haitaku 3)

Haitaku(Para seguir con algo de sentido este artículo (algo nada fácil, te aseguro), debes leer antes Haitaku 1 y Haitaku 2)

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El principio Saolín de que, mirarse en el interior de uno mismo, es esencial para mejorar la técnica, (ﻫﻭﻓﻩﻣ ﻞ ﻜﻕﻰ ﻻﻴﺼ ﺷﮑ שׂאּ לּﺈ דּ), era un poco raro. Al menos hasta que Haitaku le encontrara alguna explicación.

Cierto que hay días en los que parece que uno no hace nada bien. Y sin aparente explicación. Uno sabe exactamente lo mismo que el día anterior y que anteayer y, sin embargo, esa línea que antes formaba dibujos perfectos y casi de manera inconsciente, de repente se rebela contra nosotros y casi con identidad propia, determina por dónde tiene que ir y lo qué tiene que hacer.

Cuando la más leve sutileza de esfuerzo y la más frágil flexión se deja leer en el vuelo de una línea, hasta el más mínimo pensamiento y nube oscura puede interponerse entre nuestra voluntad y ella.

Ese era un mal día para Haitaku. Su última venta había resultado un desastre y su siguiente un imposible. Una plaga invisible de cailarus se había apoderado de los siete troncos que tenía dispuestos para entregar al monasterio de Yu-teng-shi. Mal día para reflexionar sobre otro de los enigmas impuestos por su maestro: los lances no lances.

Además, Haitaku sentía que éste no era un enigma más, debía ser una de las claves. El hecho de que le hiciera romper la caña, poniéndolo de esa manera, en el camino correcto hacia la iluminación, lo demostraba.

¿Un no lanzar?

Es posible que un curvo negativo o un lance apilado del bajo, sean de los lances con ejecución técnica más difícil. Porque requieren una no-aplicación de energía. Una energía controlada que debemos saber disipar con suavidad y control. Normalmente llevamos exceso de energía dentro de nosotros y el esfuerzo de abstracción que debemos hacer es tan grande que sólo un espíritu educado puede lograrlo. Esa capacidad de abstracción es sólo posible conseguir desde dentro de nosotros mismos hacia fuera. Nunca en la otra dirección.

¿Se refería a esos su maestro, cuando hablaba de los lances no lances? ¿Es posible que el ser un lanzador iluminado tenga más que ver con nuestra propia vida y forma de ser que con la destreza técnica de una disciplina concreta?

Una vez más unas palabras resonaban en su mente: “Cuando lances no pienses que lanzas. No pienses, siente la corriente, siente el aire, siente el sol y no lances ”

Haitaku recordaba el número de veces que, guiado por su maestro, había utilizado su propia sombra como reflejo inmediato de sus propios movimientos. Ahora entendía un poco más eso de “léete a ti mismo, todo está allí”

Mil veces había lanzado tumbado con su vientre contra la tierra “lanza haciendo lo mínimo. Cuando consigas no hacer nada, solamente entonces, empezarás realmente a lanzar” Sí, esos debían ser los lances no lances. No unos lances concretos. Todos los lances, al menos los únicamente auténticos.

Lo que sí resultaba auténtico eran los cailarus. Unos malditos y silenciosos bichitos que a Haitaku le estaban llevando a meditar sobre su medio de vida y su futuro.

Efectivamente era un mal día, un mal día para no lanzar.