Mi método para valorar cañas (1)

Qué endemoniadamente complicado es valorar una caña. Al menos hacer una valoración que a alguien, a parte de al probador, le sirva para algo.

En el anuncio de la izquierda de un artículo del blog, a modo de humor, recogía la descripción del 90% de todas las valoraciones de cañas actuales en el mercado. Le llamaba la Jelequix Escot de Tomás Seich.

Al final de este otro artículo, señalaba que la valoración de una caña tiene que ver más con sensaciones y percepciones personales que con descripciones técnicas de la misma. Hoy sigo pensando que sí, pero también pienso que si sabemos cómo, con un buen plan y algo de tiempo, podemos añadir un poco más de ciencia a esta tan intuitiva práctica que es la prueba de cañas.

El exceso de la subjetividad

Es difícil encontrar un análisis de una caña que no incluya términos y descripciones, en la línea de “Las sensaciones que produce, a mí me parece, para mí, se siente bien…” 

Complicado ver vídeos de pruebas de cañas que no hablen casi exclusivamente de agradabilidad y suavidad, ambas sensaciones subjetivas. Incluso términos como blanda o rígida, lenta o rápida, sin estar apoyados por pruebas específicas, no son demasiado relavantes ni informativos. Lenta, rápida, blanda, rígida ¿comparada con qué? La mayor parte de las valoraciones actuales de cañas son demasiado subjetivas y poco aclaratorias a la hora de decidir si esa puede ser nuestra próxima caña o mejor que no.

Y es que, efectivamente, es complicado probar una caña y describirla con adjetivos y términos capaces de diferenciarla de las demás.

“¿Es posible valorar una caña únicamente con criterios objetivos por parte de un lanzador?”

En mi opinión no al 100%. Creo que no es del todo posible y que además las percepciones y sensaciones juegan su papel en un análisis completo.

Sin embargo, como os decía antes, yo estoy convencido que con las pruebas adecuadas sí que podemos añadir más racionalización y sistemática a la evaluación de una caña. Se trata de proveer al potencial comprador con una serie de resultados tras un conjunto de exhaustivas pruebas y ejercicios capaces de someter a esa caña al test más exigente, completo y duro de su vida.

Desde luego, no se trata de asir el mango, cuatro meneos y en cinco minutos listo. Una evaluación en detalle requiere además de un detallado plan, papel y boli y un par de horas, mínimo.

No solo eso, el probador, además, deberá cumplir un requisito indispensable.

Requisito crítico

Algo que conviene entender con claridad es el hecho de que para evaluar una caña con sentido y fiabilidad, el probador deberá ser un gran lanzador, conocedor y experimentado. Repito, gran lanzador. Cuanto más se aleje de ese punto menos credibilidad tiene su análisis y menos completo será éste, sin duda.

Incluso ese aspecto inevitable de impresiones y subjetividad de toda prueba, puede tener valor y sernos útil, cuando proviene de alguien que “sabe”.

Mi enfoque

Creo haber desarrollado un método que une percepciones “educadas” con sentido y criterios objetivos, para averiguar precisamente en qué se traduce todas las complejidades técnicas de la fabricación de una caña, qué puede hacer sin problemas y qué le cuesta más.

En mi particular enfoque y metodología yo divido el test en tres bloques:

  1. 1. Potencia y acción
  2. 2. Ejecución
  3. 3. Elementos menores

 

  1. 1. Potencia y acción

 

Este bloque de pruebas simplemente decide qué tipo de caña tenemos en la mano. No la critica ni le da nota.

Cada caña es cada caña y sirve para lo que sirve. Unas son mejor para una cosa y otras para otra. La caña perfecta que sirve al 100% para todo tipos de pesca, peces y escenarios no existe. Es de perogrullo pero a veces se nos olvida.

Al finalizar las pruebas de este bloque, los resultados de las mismas deberían informar al posible comprador, fundamentalmente, sobre en qué ríos y escenarios, para qué peces y tipo de pesca, esa caña, en su mano, va dar lo mejor de sí misma.

Estas son las pruebas:

1. Lanzo muy corto: con solo el bajo y después con tan solo un metro de línea

Quiero averiguar si esa caña es capaz de doblarse exclusivamente contra su propio peso y resistencia. Imprimiéndole gran aceleración, ¿consigo que flexe más de la mitad, solo la punta?

2. Saco cuatro o cinco metros de línea y realizo falsos lances por los dos hombros

¿Puedo lanzar esa cantidad de línea de manera natural, una y otra vez, automáticamente, sin pensar para nada en lo que tengo que hacer?

3. Con esa misma cantidad de línea ejecuto varios rodados, también por los dos hombros

Complementa a la anterior. ¿Cómo proyecta la caña una cantida de línea inferior que la que corresponde a su número? ¿Necesito sacar más línea o no siento nada de nada?

4. Ajustes en flexión y aceleración

Para esta prueba sitúo seis aros sin orden concreto a varias distancias no más lejos de 15 metros ninguno de ellos. Lanzo sobre ellos variando la aceleración y cantidad de línea. Aplico más o menos fuerza con continuos y rápidos cambios de dirección.

No se trata tanto de meter la lanita en los aros (que tambien) sino de ver con qué naturalidad la caña se adapta a cambios bruscos de dirección y cantidad de flexión. Toda una prueba de stress para nuestra palanquita mágica.

 5. Lanzo con una línea dos números superior

Continuo este primer bloque con una serie de lances falsos, con no más de nueve metros de línea en el aire, con una línea dos números superiores a lo señalado por la marca. Quiero comprobar si la caña se viene abajo del todo, si es difícil volverla en sí o si con pequeños ajustes reacciona con personalidad y determinación.

6. Distancia

Para terminar, intento superar los 20 metros con mínimo esfuerzo. Hasta los 30 observo si los ajustes graduales en amplitud del golpe, movimiento del cuerpo, retraso de la rotación y tracciones más largas se van reflejando en más metros de manera suave, progresiva y tranquila. Me quedo en los 30.

——————————————————————————– Continuamos en la segunda parte