¿Lecciones de una hora?

Algunos instructores dan cursos reducidos de una hora de duración. Instructores caros, normalmente muy buenos que generalmente saben lo que hacen.

¿Crees que es posible hacer fructífera una hora de instrucción para que realmente sirva para algo? Yo estoy totalmente convencido de ello. La clave está en ser no únicamente un buen instructor. Hay que ser un gran instructor. Y saber cómo hacerlo.

Solo para escogidos

Un gran instructor sabe sintetizar todo su conocimiento y aplicarlo de manera perfecta y en la dosis adecuada a un alumno concreto.

Un gran instructor es capaz de transmitir más en ese tiempo que un mediocre en varios días de clase. Por conocimiento, experiencia y empatía. En solo cinco minutos un buen instructor es capaz de evaluar el nivel del alumno. Esto es clave para adaptar el lenguaje, las instrucciones y la dificultad ejercicios. Un gran instructor es capaz de identificar en un minuto los puntos débiles en la técnica de un lanzador con gran precisión.

Así decide con exactitud lo que el alumno sabe, lo qué no sabe, lo que debe aprender y lo que no está preparado todavía para asimilar.

Una de las funciones de un instructor en una clase de una hora es la de producir el máximo número de veces un efecto concreto en el alumno: un “vaya, ahora lo entiendo“.

Un gran instructor es capaz de transmitir la importancia de la práctica y proveer al alumno con los recursos adecuados para su entrenamiento futuro. Hasta dónde vaya a llegar el alumno como lanzador depende en gran parte del éxito de ello.

Una hora de clase con un gran instructor es una experiencia única en la vida de un lanzador. Un antes y un después. Una hora con él debe ser lógicamente tremendamente cara. A la larga muy barata.