El perdigón te hará libre

 

El 30 de Julio del 2020 publiqué un artículo sobre la pesca al perdigón (La involución de la pesca a mosca) que en su día trajo bastante cola. Cola, fundamentalmente en dos frentes.

Recibí varios correos y muchos comentarios y opiniones a través del Wassap. Respondí, de manera sucinta pero clara, creo, a la mayor parte de ellos.

Cierto es que dejé de responder a unos pocos. Tan solo a los que daban una clara impresión de que no se habían leído el artículo. Lo habían mirado por encima, se habían quedado con cuatro frases y se habían reconstruido una versión personalizada, normalmente sintiéndose atacados y a la defensiva. Así lo mostraban con sus palabras.

El otro frente fue Facebook. Fueron bastantes los comentarios, la mayor parte en contra, que se publicaron en varios muros. Sin embargo, ahí pude darme cuenta de que hay muchos más pescadores de lo que parece que, sin hacerse notar y de manera silenciosa, no comulgan para nada con lo que el perdigón representa y significa para la pesca con mosca.

Un año después

¿Qué ha ocurrido desde entonces, un año después de esa publicación? ¿Se cumplen mis pronósticos sobre el avance de esta especie invasiva a modo de moco de roca o mejillón cebra?

Sin duda. Del todo imparable.

Tenemos ya que aceptar como un hecho incontestable que muchos pescadores iniciados en la pesca con mosca en los últimos años no saben nada del río, ni de insectos, ni de lanzado ni apenas de montaje. Y sacan peces, con toda la efectividad que hasta hace poco era posible ver solamente en pescadores experimentados con muchos años de carrera. Debemos aceptarlo sin sentimientos de indignación ni enfado. Cuesta, pero es lo que es.

Se acabaron los cursos y lecciones de pesca a mosca, montaje o lanzado (que no sean gratis).

De la misma manera que nadie paga un euro por aprender a lanzar un tirachinas, ningún pescador medio o iniciado, medianamente razonable, va a pagar un euro por aprender a montar o proyectar un perdigón.

Una esclavitud

Uno de esos maestros experimentados comenta que los pescadores de seca somos esclavos de la estética. Yo añado que no solo de la estética. Somos esclavos del conocimiento, de la técnica y por encima de todo de los insectos. Sin todo eso nuestras capturas se vuelven inexistentes o casi.

Esa esclavitud a los insectos determina el mes, los días y las horas que podemos pescar. No decides tú, deciden ellos. Buff, mucha abnegación por un estilo concreto de pesca. Por si todo esto fuera poco, el primer signo de alteración del comportamiento en peces muy hostigados es el dejar de comer en superficie. Sí, a la seca. Y gracias al perdigón, un tanto hostigados ya empiezan a estar todos.

Es, del todo comprensible, que se vea al perdigón como un tipo de pesca de liberación. Los perdigoneros son libres. Absolutamente libres.

El perdigonero decide el día y la hora y no le importa demasiado si hay alguna eclosión o no. No necesita ver el pez, ni lances de presentación, ni siquiera secar la mosca. Casi cualquier imitación le vale, el viento es llevadero y peces en estado de total inactividad y cierto grado de hostigamiento también pueden valer.

En las peores condiciones posibles un perdigonero tiene posibilidades de sacar algún pez. Eso es libertad. Incontestable.

Muy difícil no adherirse a esta moda arrolladora que todo lo trasforma. Lo peor es que me temo que este Didymo con cabeza de tungsteno/wolframio (uno de los llamados minerales de la sangre) está todavía en los comienzos de su exitosa expansión. Sus consecuencias, predigo, devastadoras.

Carlos Azpilicueta

El lanzado moderno


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