De alertas y sustos

Discípulo: Maestro, ¿qué le gusta más lanzar o pescar?

Maestro: Sin duda mucho más pescar. Y eso que lanzar es muy divertido pero para cuando no se puede ir al río.

Discípulo: ¿Qué fallo cree que cometen con más frecuencia los pescadores en el río?

Maestro: Provocar alerta a la trucha. No asustarla pero sí alertarla. Saber diferenciar entre susto y alerta es importante. Cuando la asustamos corre y se va a esconder. Esa ya no nos preocupa. Pero cuando la alertamos sigue ahí y en muchos casos comiendo. Y nosotros empezamos a cambiar de mosca y a pensar que saben latín.

Discípulo: ¿Qué cosas le asustan y cuales le alertan?

Maestro: Si nos ve de repente se asustará. Si andamos con mucho ruido también. Sin embargo si andamos con sigilo y despacio y nos ve se alertará. Si lanzamos con la caña vertical se alertará, así como si de repente nos brilla un colgajo del chaleco o sobrevolamos su ventana con nuestra línea. Un grito o estornudo fuerte puede alertarla, raramente asustarla. Una de las maneras de provocar más alerta en las truchas es el levantar la línea del agua con algo de distorsión o ruido.

Discípulo: ¿Cómo hay que levantarla?

Maestro: Comenzando con la punta de la caña casi tocando el agua y con una aceleración muy gradual. No debemos de salpicar nada de agua. Las truchas detectan este sonido a muchos metros de distancia. Para cuando lleguemos a lanzar a esa trucha que observábamos cómo se alimentaba en la distancia ya estará avisada de nuestra presencia. Y nos estará esperando con toda la alerta del mundo.

Discípulo: Pero sin asustarse tanto como para correr a esconderse.

Maestro: Eso es. Seguro que esa trucha ha vivido esa experiencia en muchas ocasiones. En tramos de captura y suelta el umbral de susto de las truchas es más amplio. Se asustan menos pero se alertan más.

Discípulo: Osea que no cogen mi mosca porque están alertadas.

Maestro: En muchos casos así es. Un detalle: si una trucha rechaza una mosca natural es casi seguro que se encuentra bajo un cierto grado de alerta.