El sentido de la doble tracción

“No me interesa especialmente lanzar lejos” “¿Tengo realmente que llegar a dominar la doble tracción? ¿Para qué?”

No han sido una ni dos, las veces que he contestado a esta cuestión. Es, sin duda, una de las preguntas más decisivas que se puede hacer un aficionado en su carrera como lanzador.

¿Para qué?

Para no dejar de utilizarla nunca. Nunca jamás. Bueno, a no ser que estés haciendo algunas de las pruebas del examen de instructor de ADELAM o de la FFI o de la EFFA, donde específicamente te piden algunas pruebas sin tracción.

Espera un momento. ¿Te piden algunas pruebas sin tracción? ¿No es más difícil hacer las cosas con tracción? ¿Por qué te piden hacer algo de la manera más fácil en un examen de lanzado? Importante detalle que aclara muchas cosas.

La respuesta es sencilla. Una vez que aprendes a realizar la doble tracción, lo cual cuesta muchísimo menos que llegar a dominarla del todo, tu vida se vuelve más sencilla. Casi cualquier cosa que ejecutes te va a resultar más fácil si añades la doble tracción.

Y es que ese par de tironcitos, uno en el lance trasero y otro en el frontal, añaden velocidad a la línea y eso nos da más control sobre ella para lanzar con viento, vegetación y conseguir mayor precisión.

Así mismo nos permite conseguir más distancia con mucha más facilidad, meter curvas más pronunciadas y mil detalles interesantes más.

Doble tracción 4La primera descripción escrita de la doble tracción tuvo lugar en un torneo en St. Louis, Missouri en 1934. Un tal Marvin Hedge de Oregón ganó la modalidad de distancia utilizando una técnica desconocida por todos hasta entonces. Era la doble tracción. Por aquella época se calculaba la media de los tres mejores lances sobre un total de cinco y Marvin logró una media de 41 metros consiguiendo el lance más largo de 44,8 metros. La máxima media conseguida hasta ese momento en el lanzado era de 36,8 metros en 1928 y el lance más largo de 37,7 metros logrado en 1931. La doble tracción marcó diferencias en aquel torneo aunque tampoco tantas.

Sin embargo, en los siguientes años las cosas cambiaron. En 1937 se consiguió una media de 53,6 y un lance largo de 55,7 en los Campeonatos Nacionales de Lanzado. No eran equipos del #5, os lo aseguro.

Conseguir velocidad de línea con la “otra mano” hará que la mano de la caña se pueda dedicar “casi” exclusivamente a mantener un buen alineamiento de manera mucho más cómoda.