“Lanzar en el agua es mucho más difícil que en el seco”

Frase archioída y con una buena cantidad de verdad. Examinémosla con un poco más detalle.

Cierto es que:  la tensión de una trucha subiendo, ese maldito rechace, a-ver-si-saco-una-de-una-vez, corrientes indescifrables por todos lados, ese-viento-que-sopla-justo-cuando-yo-lanzo, el arbustito de marras, cielos-que-me-va-a-adelantar-ese-boyero, etc… son situaciones que provocan un estado anímico nada adecuado para centrarse en el bucle, en una bien sincronizada doble tracción o en una trayectoria recta de la punta de la caña. El estado anímico al que me refiero es de nervios y también de mala leche.

Sin embargo: es precisamente en estas situaciones cuando necesitamos la clave técnica para saber por qué demonios me empiezan ahora a salir bucles negativos, por qué me quedo corto a pesar de estar la trucha a menos de 10 metros y por qué no hay manera de posar recto con este puñetero viento de cara. Saberlo no empeorará las cosas, más bien todo lo contrario.

Recuerda: En el seco es el único sitio donde realmente se aprende a lanzar. En el agua se aprende a aplicar (transferir) lo aprendido (tan importante como lo primero).