Reflexiones sobre otra nueva temporada

No es fácil hablar sobre el comienzo de una nueva temporada evitando las consabidas ideas y frases hechas que normalmente se utilizan para hablar de estos tan esperados comienzos.

No es que efectivamente los ríos puede que bajen con mayor volumen de agua o que el agua baje fría de nieve y las truchas se muestren por tanto menos activas. Cierto es también que las mejores horas del día serán las centrales y que las moscas que eclosionan son más bien de color oscuro. Aunque todo eso es mucho menos fiable que hace años ya que hay muchos más ríos controlados por embalses, muchas menos eclosiones, y la primavera es menos primavera y más no se qué, estos argumentos siguen siendo en gran medida ciertos.

Se trata, más bien, de intentar aportar algo nuevo. Algo más inspirador que informativo. Una visión personal de lo que representa para mí esta nueva temporada y una invitación a que te animes a compartir alguno de los proyectos e ilusiones que en este breve artículo quiero contar.

Esta va a ser una gran temporada. Sí, ya sé, hay menos truchas que nunca y como decía antes las eclosiones son cada vez más escasas. Soy totalmente consciente de ello y aún así afirmo con todo el convencimiento que va a ser un gran año.

Cada temporada que pasa, no sé si por una innata y resignada capacidad de adaptación o por un cambio de planteamientos más relacionados con la madurez que con otra cosa (como pescador, se entiende), mi idea de lo qué es una buena temporada va variando. El caso es que siempre lo hace en una única dirección.

En mi escala de valores la importancia del número de capturas ha descendido ligeramente (no tiene demasiado mérito). Durante muchos años estuvo en primer lugar y casi de manera exclusiva, el objetivo fundamental de todas mis jornadas de pesca era capturar el máximo número de peces posible. Esa era, así pensaba, una de las grandes ventajas de la pesca sin muerte.

Hoy por hoy, creo que la clave del verdadero éxito de una jornada de pesca y de una temporada entera nace desde el interior de nosotros mismos.

Qué llevemos en nuestro interior es mil veces más importante que todo el contenido de los bolsillos de nuestro chaleco. Yo y mi capacidad de sentir, apreciar y valorar vale mucho más que cualquier caña. Mis ganas de conocer y mi interés por probar y experimentar no pueden ser nunca sustituidas por ningún carrete, línea o por una infalible colección de montajes. Quiero observar, sentir y entender y el río está ahí para enseñarme y regalarme lecciones.

Esta temporada voy a valorar cada momento y cada captura como no lo he hecho nunca antes. Y así va a ser porque lo voy a entender mejor que nunca y porque en cada uno de mis lances va a ir mayor conciencia y sentimiento que en ninguna otra temporada anterior.

Quiero rodearme de agua, piedras, árboles y compañeros y no dar nada por supuesto. Todo está ahí porque existe alguna razón para que ahí esté y yo voy a ser el ser más afortunado al poder verlo y disfrutarlo en ese mismo momento.

Efectivamente ésta quiero que sea la temporada de mayor éxito.