Truchas con carácter

Si eres pescador de intensivos donde la población de truchas es abundante y la visibilidad de los peces suficientemente buena, muy probablemente habrás llegado a una conclusión como ésta: el instinto del pez que mayor efectividad redunda para el pescador no es el hambre, ni la selectividad, ni la curiosidad ni el de defensa. Es, con diferencia el de la competencia.

Un pez que insistentemente desdeña cualquier imitación de cualquier tipo, independientemente de la acción que le impartamos y de su nivel de profundidad en el que trabaje, de repente se vuelve agresivo y toma esa odiosa y pesada imitación como si no la hubiera visto en su vida y fuera un bocado muy sabroso. ¿Qué pasó? Sencillamente que aparecieron otros peces cerca y la posiblidad de que se coman ellos el bocado es grande. Y eso no se puede consentir.

Ese instinto de competencia, innato en todos los peces por cuestiones de supervivencia, tiene al parecer más importancia que la que podíamos pensar. Puede llegar a forjar el carácter y personalidad del pez de manera sorprendente.

A comienzos del pasado mes apareció publicado en un conocido portal científico, un interesante artículo sobre un estudio llevado a cabo por la Universidad de Liverpool. Los sujetos analizados eran peces y concretamente truchas arco iris, lo que a nosotros como pescadores nos parece muy bien ya que nos puede enseñar algo.

Los investigadores identificaron diferentes rasgos de personalidad en los peces estudiados tras observar sus reacciones de timidez o coraje ante diversos estímulos.

Para el estudio seleccionaron unas cuantas resignadas truchas sometiéndolas a peleas por la obtención de comida anotando sus reacciones a las victorias y derrotas tanto cuando participaban en ellas como cuando solamente observaban.

El hecho de ganar o perder una pelea o ver cómo otros congéneres sorteaban diversos obstáculos afectaba el futuro comportamiento de las criaturas.

El equipo de investigadores, liderado por la doctora Lynne Sneddon, hacía rivalizar a las truchas con oponentes mucho más grandes o mucho más pequeños para asegurarles una victoria o una derrota. Los ganadores se volvían mucho más decididos y valientes cuando se les ponía delante clases de comida que nunca antes había visto. Los perdedores se volvían mucho más temerosos antes estos estímulos.

Se cree que estos rasgos de valentía y timidez están relacionados con factores fisiológicos tales como los niveles de hormonas relacionadas con el stress. Las derrotas estimulaban altos niveles de cortisol los cuales al parecer volvían al pez más cauteloso en futuros retos.

Incluso yo, que soy poco amigo de utilizar atributos puramente humanos cuando se trata de describir comportamientos animales, reconozco que es un estudio y unas conclusiones que dan que pensar.