La niña y el cañero de Joaquín López Quintás

Elvira Azpilicueta, mi hija de 7 años (ahora tiene 10), realiza sus tareas escolares en la campa de lanzado de Unciti, un precioso pueblecito al lado de Aoiz.

Entre suma y lectura, a esta aplicada niña le queda algo de tiempo para cumplir con sus prácticas de lanzado. Algo también obligatorio en su formación infantil.

Nada menos que un 83%

Este es un gráfico utilizado por Jaume Oliú para ilustrar una magistral presentación que dió en el 2016 en Madrid.

Jaume Oliú, es un experto en visualización de datos, disciplina científica que crea herramientas para comunicar información de forma efectiva a través del lenguaje visual y poder entender mejor el entorno que nos rodea.

Supongo que es algo que ya conocíamos y sin embargo podríamos sacarle más partido de cara a hacer más eficientes nuestras horas de práctica y nuestras lecciones como instructores.

Sin palabras o con las justas

Terminado un curso, especialmente uno tan intenso e interesante como el de un fin de semana entero, me gusta reflexionar durante un tiempo y analizar si puedo mejorar algún aspecto puntual o manera concreta de enseñar algo.

Cierto es que no existe el método de enseñanza perfecto y que cada alumno necesita ajustes individuales en la manera de presentar las cosas, lenguaje, tiempos y demás.

El «otro» lanzado

Estructurar nuestras sesiones de entrenamiento, racionalizar nuestros movimientos, buscar los ejercicios más prácticos y efectivos y en definitiva, hacer que cada lance cuente es un camino.

Un camino que, en teoría, nos debe llevar de la manera más rápida posible a alcanzar un alto nivel de lanzado. No siempre es así.

Existe otro tipo de práctica de lanzado, sin embargo, que en alguna ocasión he comentado y que me parece del todo fundamental.